miércoles 29 de octubre de 2008

Reírme hasta llorar

Hacía un montón que no me pasaba... No sé si por mi estado de ánimo o porque en invierno la gente como que se retrae, se enfunda la bufanda y el paraguas, y camina a toda - y mala - leche, sin pararse un segundo a charlar o a echar una sonrisa.

Me encanta el invierno. Pero creo que soy de las pocas personas que somos básicamente iguales en todas las estaciones, es decir: inestables. Y dicen que ésto no es bueno, pero mira, por lo menos sabe una que nunca sabrá a lo que atenerse, y eso es mantenerse en la línea.

Y es que debe ser que la tele tiene cierto grado de adicción, porque después de pasarme un finde de turismo en el que me tragué desde la teletienda hasta el programa de Karlos Arguiñano pasando por los informativos de todas las franjas horarias (por supuesto, por causas ajenas a mi voluntad...), la otra noche que - ¡milagro! - llegué pronto a casa, pos puse la tele. Y me encontré ésto. Lagrimones se me saltaron, oyes...

Aquí os lo dejo. Los 3 primeros minutos son de traca. Y si no lo entendéis, pos normal, porque con esas cabezas de pulgas que tenéis, pos no me extraña.



1 comentarios:

Alberto dijo...

Jeje, le ha faltao decir, hijos de puta que sois unos hijos de puta.